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noviembre 28, 2008

Motivos de oración

El abandono de un motivo de oración también menoscaba la eficacia. Muchas veces un motivo de oración es abandonado porque el orante ha perdido interés en él o porque se ha dado cuenta de que no le reporta ningún beneficio a su crecimiento espiritual. Con frecuencia volvemos la vista hacia atrás y recordamos motivos de oración que hoy nos parecen absurdos. El mismo crecimiento personal y espiritual lleva a que algunas cosas que antes nos desvelaban ahora parezcan insignificantes. Sin embargo, no es éste el abandono al que nos referimos, sino a la renuncia a la oración porque creemos que no se cumple.
Jesús de Nazareth contó a sus discípulos una parábola al respecto que se encuentra en Lucas 11:5-13. Un hombre acude a medianoche a la casa de un amigo a pedirle prestado pan. El dueño de casa, que no muestra un gesto muy amistoso, no quiere atenderlo por lo avanzado de la hora. Sin embargo, finalmente accede, si no por amistad, al menos para que no siga molestando.
La parábola nos enseña acerca de la persistencia en la oración. No se trata de que finalmente la divinidad vaya a concedernos nuestros deseos de mala gana ni de que, por tanto insistir, vayamos a torcerle el brazo.
La enseñanza se aplica en aquellos momentos de aridez espiritual cuando parece que las puertas del cielo están cerradas y los canales de comunicación con lo sagrado no responden.
La oración persistente en etapas como esta sirve para reforzar nuestra disposición hacia lo divino, es decir limpiar nuestro vínculo interior para que no esté sujeto solamente a los deseos y avatares de las circunstancias.
La insistencia también tiene le efecto de clarificar nuestra plegaria. Tal vez en el camino caigamos en la cuenta de que aquello que pedimos no es conveniente para nosotros o se contradice con nuestras actitudes y conductas. Por otra parte, nos ayuda a mantener la mente enfocada más allá de los aparentes fracasos. El mismo Jesús, como conclusión del pasaje bíblico que incluye la parábola invita a seguir orando sin darnos por vencidos.(El lenguaje del alma - Ian Keegan)

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