UN PASEO PARA CONOCER EL MUNDO DE ESTOS SERES MARAVILLOSOS .....
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enero 09, 2011

Historia del Gallo y la Gallina de Santo Domingo

Cuenta la tradición que entre los muchos peregrinos compostelanos que hacen alto en esta ciudad para venerar las reliquias de Santo Domingo de La Calzada, llegó aquí un matrimonio alemán con su hijo de 18 años llamado Hugonell, procedente de Ad Sanctos. La chica del mesón donde se hospedaron se enamoró del joven Hugonell, pero ante la indiferencia del muchacho, decidió vengarse. Metió una copa de plata en el equipaje del joven y cuando los peregrinos siguieron su camino, la muchacha denunció el robo al Corregidor.
Las leyes de entonces (Fuero de Alfonso X el Sabio) castigaban con pena de muerte el delito de hurto y una vez apresado y juzgado, el inocente peregrino fue ahorcado.
Al salir sus padres camino de Santiago de Compostela, fueron a ver a su hijo ahorcado y cuando llegaron al lugar donde se encontraba, escucharon la voz del hijo que les anunciaba que Santo Domingo de La Calzada le había conservado la vida.
Fueron inmediatamente a casa del Corregidor de la ciudad y le contaron el prodigio. Incrédulo el Corregidor contestó que el joven estaba tan vivo como el gallo y la gallina que él se disponía a comer.
En ese preciso instante el gallo y la gallina saltando del plato se pusieron a cantar. Y desde entonces se dicen los famosos versos: "Santo Domingo de La Calzada, donde cantó la gallina después de asada".
En recuero de este suceso se mantienen en la catedral un gallo y una gallina vivos durante todo el año. Siempre son de color blanco y proceden de donaciones de devotos del santo, cambiándose las parejas cada mes. El resto del tiempo permanecen en un gallinero que la Cofradía de Santo Domingo mantiene en su domicilio social.
Frente a la hornacina que se construyó hacia 1445 y debajo de una ventana románica se conserva un trozo de la madera de la horca del peregrino. En el archivo de la catedral se conserva un documento de 1350 con indulgencias que 180 obispos conceden a la catedral de La Calzada, donde hay un gallo y una gallina blancos, a quienes devotamente giren en torno al sepulcro del santo, recitando el Padrenuestro, Ave María y Gloria.

enero 07, 2011

El Papamoscas de la catedral de Burgos

Es el tradicional reloj autómata de la catedral de Burgos. Está situado en lo alto de la nave mayor, en la parte de la izquierda, según se entra por la fachada principal, en un ventanal por encima del triforio. Está documentada la presencia de relojes en la catedral desde la época medieval. La figura data del siglo XVI, pero fue restaurado en el siglo XVIII. Consta de dos figuras: una es el papamoscas y otra más pequeña llamada Martinillo
El Papamoscas viste una especie de casaca roja, abotonada por delante, con amplio cuello terminado en puntas y ceñido con un cinturón verde. Con la mano derecha sostiene una partitura y hace sonar la campana al paso de las horas, mientras abre y cierra la boca. Los cuartos de hora los marca su ayudante, el Martinillo, una figura más pequeña y de cuerpo entero que espera sobre un pequeño balcón entre dos campanas. Con un martillo en cada mano da uno, dos o tres golpes, según sea el cuarto, la media o los tres cuartos.
Como todo símbolo, alberga una leyenda, siendo esta la historia:
"Se dice que fue una obra encargada
 por el rey Enrique III "El Doliente", quien tenía por costumbre acudir a rezar devotamente todos los días a la catedral gótica. Un día sus oraciones se vieron distraídas por la presencia de una hermosa muchacha que entró silenciosamente en el templo y rezó ante la tumba de Fernán González. El rey la siguió al salir hasta verla entrar en una vieja casona y, a lo largo de varios días, la misma escena se repitió sin variaciones. El monarca se sentía demasiado tímido para intentar siquiera entablar una conversación con la misteriosa joven. Hasta que un día, la desconocida joven dejó caer un pañuelo al paso del rey. Éste lo recogió devotamente y acercándose a ella, se lo devolvió en silencio, sin que mediaran palabras en ese encuentro, apenas el esbozo de una dulce sonrisa. Sólo, después de desaparecer más allá de la puerta, el rey escuchó un doloroso lamento que se le clavó en la memoria sin poderlo desterrar. lo cierto fue que a partir de entonces, la muchacha nunca volvió a aparecer por la catedral, a pesar de que el monarca pasó días esperándola y buscándola por los rincones del templo. Cuando trató de saber algo de ella, le confirmaron que en la casa donde la había visto entrar todos los días hacía muchos años que no vivía nadie, porque todos sus habitantes fallecieron víctimas de la peste negra.
Deseando retener aquella idílica visión de la joven en su memoria, encargó a un artífice que fabricara un reloj para la catedral. Este debía reproducir los rasgos de la muchacha en una figura que, además, al dar las horas, lanzase un gemido como el que él había escuchado y no podía borrar de su recuerdo. Desgraciadamente, el artífice no logró siquiera aproximarse a la belleza que le había descrito el monarca. A la hora de reproducir su lamento solo logró que el muñeco lanzase un graznido, que años después se optó porque desapareciera."

agosto 31, 2010

La gata tricolor

Esta leyenda se remonta al siglo XII. En un monasterio en el norte del Tibet solían estar en permanente desacuerdo. Monologaban sobre cuestiones teológicas, sin escucharse ni llegar a un acuerdo, lo que creaba desunión y malestar. Fue entonces cuando el monje más viejo pidió que por tres días se ayunara a fin de preservar el espíritu del cuerpo y tranquilizar el estado de disociación que reinaba en el monasterio...
Los monjes realizaron el ayuno y la oración permanente. La mañana siguiente apareció en las puertas del monasterio dentro de un cesto abandonado una gata tricolor con sus dos hijitas recién nacidas a las cuales amamantaba.
Los monjes consideraron que el hecho podía ser una señal y dieron cabida en el monasterio a esta pequeña familia. Era tal la abnegación, sumisión y cuidado que procuraba la madre, que por días hablaron de las bondades silenciosas de su tricolor y olvidaron las diferencias que habían tenido hacía meses.
El monje más anciano que había llamado al ayuno y a escuchar el ser interior, a fin de poder dar lugar a escuchar a los otros y así llegara poner fin a tanto desacuerdo, consideró que estas gatitas eran una señal de cual era el camino para así llegar al acuerdo. Llamó nuevamente a sus monjes y les pidió meditar tres días sobre esto.
Así fue como el monje más joven y por ello el que menos doctrina sobre si tenía, acudió a él al cabo de los tres días. Le dijo: "Sé el secreto de esta pequeña familia".
El anciano monje considerando que el joven estaba obnubilado como todos en el monasterio pero su experiencia era tan poca que no podía haber llegado a la respuesta con tal facilidad, simplemente cerró los ojos, extendió ambas manos y preguntó al joven el secreto. Dijo: "Ella posee los tres colores, el blanco y el negro son el yin y el yang, los opuestos, nuestros opuestos, vuestros opuestos, pero en su manto está el habano, la tierra, nuestro lugar. Significa que aquí podremos concitar todas nuestras diferencias si nos ensamblamos, formando un crisol tan bello como su manto...."
El anciano lo miró, le tendió su mano y lo invitó a compartir su té.
El joven lloró...un silencio tan extenso como la vida, se esparció entre ambos.
Faltaban sorbos para concluir el té, cuando el anciano le preguntó: ¿te has dado cuenta que son hembras las tres, qué significado tendría que no existiera un macho entre ellas?
El joven ya no sabía si contestar o no. Se arrodilló y dijo: "Usted y yo tenemos algo en común, aunque la distancia del saber nos separen, ninguno de nosotros tiene el don de la vida, ninguno de nuestros monjes lo tiene. Una mujer sí, por ello son hembras, traen el mensaje de lo nuevo, de la mutación, del cambio. Nosotros somos permanencia".
Las lágrimas corrían por el rostro de anciano...se retiró en silencio y dejó al joven extasiado en su magnífica visión.
En la mañana siguiente, dejó el monasterio en las manos de joven, con la misión de preservar a la pequeña familia, partiendo hacia las montañas...
(Leyenda Tibetana)

La Luna y el Sol

Hacía ya muchos años que el Sol besaba a la Montaña. Con su resplandor la acariciaba de la cúspide a la falda. Marrón, amarilla o negra en sus extensas laderas, ella siempre daba hijos verdes: ornamentales o de suaves frutos. El Sol enamorado le trajo un día a Arco Iris y abrillantó el espacio infinito de azul. Con jirones de nubes hizo un collar muy blanco que ella movió coqueta alrededor de su garganta de piedra. Claro y diáfano, duraba el Día para siempre.
En cierta ocasión, Sol se vio obligado a separarse de Montaña. Fue cuando descubrió en un acantilado una caverna cubierta de espesa vegetación. Helechos gigantes, hiedras y enredaderas formaban una tupida puerta que ni el más valiente rayo podía traspasar. Sol se puso frío de preocupación. Él era el centro del Universo, no podía permitir que una simple cueva escapara de su luz. Radiante, esplendoroso, reunió toda la energía de su potente luz. Primero envió Rayos Tibios de la Alborada. Ágilmente lucharon contra Rocío y Escarcha hasta evaporarlos en un débil rastro de humo gris. La cueva permaneció cerrada y sin luz. Después llegaron Rayos de Media Mañana. Lucharon con todo su calor, pero no pudieron pasar de las enredaderas. Finalmente descendieron Rayos Plenos de Mediodía. Ardientes, verticales; quemaron piedras y marchitaron hiedras, pero la cueva se mantuvo cerrada y sin luz. Sol, desaforado llamó a su hermano Viento. Viento rompió el collar de nubes de la hermosa Montaña. Así desató a Lluvia, agua precipitada que suelta y juguetona dio muchísimas vueltas antes de regresar a su mullida casa de algodón. Por horas, Viento y Lluvia azotaron a Montaña. Quebraron cedros, robles, ébanos y caobos, sin contar limoncillos, aguacates y un manaclar sin dueño. Los pinos destrozados cubrieron grandes zonas, pero la cueva permaneció cerrada y sin luz.
Cuando Viento y Lluvia se marcharon vencidos, hilos de plata descendieron incontenibles: Montaña lloraba sus árboles caídos.
Tras el susurro de riachuelos, una mujer de sombras, con piel hecha de sueños y pies transparentes, con larga cabellera a modo de manto sobre el cuerpo desnudo, salió de la caverna. Un grito agudo, como de ave triunfante salió de la garganta.
Calor, Lluvia y Viento habían vencido, ¿dónde estaba ese Sol arrogante?
Sol regresó en ese mismo instante. Clavó en la extraña sus pupilas de fuego. Sin poder soportarlo, ella corrió a ocultarse, pero sus pies de agua se le voltearon presos de las raíces brotadas. Cubrió sus pies distintos con su melena enorme. Perdida, elevó altiva su mirada de orgullo. Desafiante clavó en el astro sus pupilas de abismo.
Valiente, el Sol enfrentó aquella ira por él desconocida, pero lanzas de hielo penetraron en su cuerpo candente y enigmas y misterios, preguntas sin respuestas hirieron brutalmente su cuerpo hecho de luz.
Fue en ese momento que escaparon unidos los colores de la vida: azul, rojo, amarillo...dejaron el espacio a uno solo más fuerte que creció incontenible amenazando a Sol.
Entonces Montaña se removió temblando desde la tierra llana, retorciendo su cumbre. Todos los hijos verdes se estremecieron juntos y desencadenaron un poderoso alud. Entre lluvia de piedras y sacrificio de árboles Sol se recuperó.
Cegada para siempre, Ciguapa tambaleaba. Sus pies volteados negáronle equilibrio. Y ahora que no podia darle a nadie la espalda, si entraba a si salía del refugio de piedra fue de vida o de muerte... Cayó precipitada y su larga melena brillante de betún ib cubriendo todo con su oscuro misterio: los árboles, las peñas, los ríos y sus orillas, bohíos y corrales, valles, pueblos y riscos...La Noche había nacido para oponerse al Sol.
Desde entonces, la claridad termina después de doce horas de cálido esplendor. El Sol besa a Montaña. La rodea de Arco Iris, de un infinito azul, después se va prudente dando paso a esta Noche que oscura y silenciosa hace brillar estrellas en su enorme melena de apagado carbón...
...A veces, en Luna Llena, Montaña se apiada de Noche Serena. La deja entrar con la tristeza prendida en su melena... dice que va derecho hasta el charco de plata que hay en su antigua cueva y con polvo de estrellas se lava sus pies.
(Leyenda República Dominicana)