UN PASEO PARA CONOCER EL MUNDO DE ESTOS SERES MARAVILLOSOS .....
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diciembre 12, 2010

La máscara y la sombra en el Tarot

Carl G.Jung nos sugirió sabiamente que uno de los primeros pasos que se deben dar al iniciar un análisis es el enfrentamiento de la máscara y la sombra. El Tarot cumple la función de permitirnos analizar lo más profundo de nuestra personalidad. Los conceptos de "máscara" y "sombra" provienen de la teoría de la personalidad del psicoanalista suizo. Analicemos ambos conceptos.
La máscara
la sociedad nos exige ciertas actitudes y conductas para ser aceptados por ella. Jung explica cómo se moldea la imagen de cada individuo a través del concepto de persona, aquella faceta de la personalidad que representa nuestra imagen pública. La persona responde a las exigencias sociales, es la máscara que nos ponemos para salir al mundo. Comienza por ser un arquetipo y con el tiempo la vamos asumiendo como propia, hasta que llega a ser parte de nosotros mismos. La palabra "personaje" se asocia al papel que representa el actor en el escenario. Así en cada situación social el individuo desempeña "personajes" diferentes, usa diferentes máscaras: es amable y sonríe como "un buen niño", es soez con quien le grita, actúa con indiferencia con algunos y pasa por tonto con otros. Así, la máscara sirve para cubrir la vida íntima del individuo frente a los demás, y al mismo tiempo, le permite adaptarse al medio que más le conviene. Para ello hay que sacrificar muchos factores humanos individuales (instintos, formas de pensar y de sentir) a favor de esa imagen ideal que necesita reflejar el individuo. Pero en su pero manifestación, puede confundirse incluso con nosotros mismos, es decir, algunas veces llegamos a creer que realmente somos lo que pretendemos ser o lo que los demás esperan que seamos, generando conflictos y contradicciones internas. Pero, ¿hasta qué punto seguimos el patrón social de manera sana y en qué medida esta máscara llega a ser una fuente de neurosis?
A veces con dolor y desgaste el hombre llega a alienarse de si mismo en beneficio de una personalidad artificial "adaptativa". Quienes en la vida social se presentan como "fuertes", "de hierro", son en el fondo y quizás lo demuestran en su vida privada, niños vulnerables, tímidos y algo melancólicos. Y otros que, como se dice, "parecen no romper un plato" llevan dentro de sí mucha ira, resentimiento y sed de venganza.
La sombra
Según Jung, la sombra es una zona oculta de nuestra personalidad, nuestro lado más oscuro. Se manifiesta en ideas y sentimientos que el mismo individuo considera censurables, irritantes, desagradables y destructivos, a partir de lo que socialmente aprende como "bueno" y "malo". Todos poseemos una sombra y, de una manera u otra, tratamos de inhibirla, negarla, rechazarla. Así podemos llegar a ignorar lo que nuestra sombra contiene. A veces necesitamos que ocurran ciertos eventos en nuestra vida que nos revelen esa zona oscura, inhibida de la personalidad. Es cuando escuchamos decir: "Yo no sabía que era capaz de odiar tanto", "No sé cómo pude haber hecho algo tan estúpido", "Perdí el control", etc. En algunos casos tenemos un cierto conocimiento de nuestra sombra, pero ignoramos sus alcances. En otros existe una total negación o proyectamos nuestra sombra en otros, asignando a otras personas ciertos rasgos que rechazamos en nosotros mismos. Confrontar nuestra sombra puede ser una revelación, un descubrirnos a nosotros mismos y es la única forma de iniciar un proceso transformador, de sanación. Conocerla debe suscitar una intención de cambio y corrección dirigida hacia modelos funcionales y armónicos de vida. ceder mansamente ante el poder de la sombra sobre nuestra personalidad, es entregarse, es no intentar superarnos. Frases como "Yo soy así, no puedo evitarlo" revelan la intención de no querer ser mejores personas. Si bien es cierto que la sombra es producto de nuestras experiencias (colectivas e individuales), no es todo cuanto podamos ser. no podemos negarla, pero tampoco rendirnos ante ella. Nuestro repertorio personal contiene arquetipos cargados de vitalidad, creatividad y alegría que nos impulsan a la realización y la felicidad. Pero también hay otros enfermizos, atormentados y destructivos asociados a nuestra sombra. Podemos incorporar distintos arquetipos simultáneos: con unas personas actuamos, por ejemplo, desde la víctima y con otras desde el guerrero o el victimario. Se puede cambiar de arquetipo con el tiempo: en una época de nuestras vidas podemos ser héroes y en otra, villanos.
El Tarot cumple una función altamente beneficiosa al permitirnos analizar lo más profundo de nuestra personalidad e identificar más fácilmente los arquetipos que están en juego en nuestras necesidades personales. Con él hacemos conscientes los arquetipos y símbolos que reflejan nuestra máscara y nuestra sombra y además, nos sugiere respuestas y orientaciones. Al reconocer los arquetipos que nos identifican podemos entender el por qué de nuestra conducta y de nuestras circunstancias. Mientras mayor sea la apertura a vernos reflejados en el Tarot, mayor será la conexión que hagamos con él y lo que él exprese estará más ajustado a nuestra vida, nuestras características personales y procesos.



octubre 10, 2010

Tarot, Arquetipos y Símbolos

Es difícil dar un nombre a algo tan vasto como el universo de los arquetipos y los símbolos. También es difícil sintetizar y hablar tanto desde el corazón como desde la información adquirida. Intentar desmadejar un ovillo largo, tan largo como lo es el tiempo en el que el hombre vive en este planeta.
Conocimiento, todos lo tenemos, en menor o en mayor grado, ya que todos somos iguales; nos ha parido la misma Madre Universal y nos ha engendrado el mismo Padre Universal. La proyección de nuestro nacimiento está encaminada a realizar el mismo viaje mítico que es el encuentro con el ser verdadero. Entre tantas vías desplegadas al uso por los hombres para acceder al "tesoro interior", el Tarot es una de ellas.
También es cierto que los caminos de realización o encuentro con la esencia están cuajados de arribistas, que se aprovechan de la necesidad y debilidad humana para medrar. Alcanzar bienes materiales, en lo referente a lo espiritual, a lo psicológico y también en la salud, el Tarot se ve contaminado en tales prácticas. El uso cartomántico de la baraja de Tarot, nada tiene que ver con la utilización anímica de la misma. La diferencia no es sólo de estilos, sino de introspección, de entrega y de orientación real. En el uso adivinatorio de las cartas, el consultante es un mero espectador de la habilidad del cartomántico para seducir la conciencia del consultante. Este otorga poderes a la persona que supuestamente "le adivina" tanto el pasado como el presente y sugiere y condiciona de alguna manera el futuro. Es una impostura derivada de la candidez, debilidad e ignorancia del consultante y que no está exenta de peligros. El vaticinio de sucesos negativos o de situaciones complejas puede llevar al consultante a, inconscientemente, llevar a término tal suceso. Además de poder crear dependencia psicológica, ante la creencia de que uno encuentra una persona que puede "ver" a través de uno mismo.
Bien distinto es el uso del Tarot como camino evolutivo. Una luz que ayude a un ser humano a encontrar orientación sobre su origen y devenir. A conocer sus recursos como ser humano y como persona. A adquirir más claridad. A descubrir potenciales escondidos. A darse cuenta del mundo interior y del que le rodea en todo su ámbito, percibiendo que no es un ser separado del entorno sino totalmente contingente.
También el Tarot le puede ayudar a expresar anhelos o ver la manera de encarar diferentes situaciones vitales, que si no se perciben con más calma nos puede destruir nuestra fe en la vida.
Alejandro Jodorowsky, llama a este enfoque de utilización del Tarot, "Tarot Evolutivo". Su práctico, erudito, poético y experimentado enfoque, junto con la documentación aportada por la gran inteligencia intuitiva y creatividad de Carl G. Jung germinaron en mi interior. Han despertado lo que quizás "ya sabía".
(Rosa Cobos Asteguieta)

septiembre 01, 2010

Elementos - La teoría de Jung

Carl Gustav Jung, nunca mencionó el tema elementos, sino que describió desde sus pensamientos, diversos tipos humanos y especificó las funciones que le eran propias a cada uno de ellos. Si queremos entender el término función debemos afirmar que pensamos algo que se realiza, se opera y se actúa También involucra un proceso que se desarrolla a través del tiempo.
Cuando Jung usó el término le otorgó la misma aceptación que se le da en fisiología, donde se piensa que cada órgano realiza una función determinada. Pero además relacionaba este concepto con la antigua noción de la ética de Aristóteles, que exalta la idea de que la función hace al órgano.
Llegó a determinar que existen cuatro manera diferentes de organizar y sufrir la vida. Si bien la estructura es la misma, debemos considerar que cada etapa tiene sus códigos de expresión apropiados. De este modo, aunque la tipología de Jung coincide en muchos aspectos con la clásica de los cuatro elementos, también se diferencia de ella. Jung se interesó en estudiar la forma en que funciona la conciencia y observó que lo hace de dos maneras características: percibiendo y evaluando.
Esto lleva a preguntarnos: ¿cómo percibimos?. Una primera respuesta podría ser a través de la función sensación, que capta lo que sucede por medio de nuestros cinco sentidos. Y evaluamos a través del pensar, cuando utilizamos un análisis lógico para comprender cómo es una situación determinada.
Lo que Jung pudo observar es que estas cuatro funciones no operan con igual fuerza en nosotros, sino suele suceder que una de ellas es predominante, otras dos actúan como secundarias y la cuarta opera desde el inconsciente.
En tanto , algunos astrólogos que se suman a la escuela jungiana, equipararon estas cuatro funciones con los cuatro elementos, considerando que las características de la función intuición se parecen al fuego; las de la función sensación a la tierra, las del pensar al aire y las del sentir, al agua.
(Jean Baptiste Lapasset)

julio 25, 2010

Mandalas

Un Mandala desde el punto de vista espiritual, es un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente. Se describe como la unión del hombre con el universo a través de la visualización de estas formas, que son herramientas para contemplación, concentración, meditación, expansión y crecimiento.
Mandala quiere decir "círculo". Está en todas las grandes culturas de la antigüedad ligadas a la espiritualidad, en las cuales el círculo representaba lo eterno, lo trascendente y lo absoluto.
Los Mandalas consisten en una serie de formas concéntricas organizados en diversos niveles visuales. Las formas básicas más utilizadas son: círculos, triángulos, cuadrados y rectángulos.
Los Mandalas condensan y centralizan las energías positivas ya sea del cosmos o de las personas, dando un sentido armonioso y evolutivo a cualquier situación de caos y confusión.
Carl G.Jung utilizó el mandala como instrumento conceptual para analizar y sentar las bases sobre las estructuras arquetípicas de la psique humana.
Según Jung, los Mandalas representan la totalidad de la mente, abarcando tanto el consciente como el inconsciente. Afirmó que el arquetipo de estos dibujos se encuentra firmemente anclado en el inconsciente colectivo.
Consideraba que el comportamiento del hombre se moldea según dos estructuras básicas de la conciencia, la individual y la colectiva; la primera aprende durante cada vida en particular; la segunda se hereda de generación en generación, como si se tratase de un gen, pero en vez de definir el color marrón, azul o negro de nuestros ojos, esta herencia rige nuestros comportamientos cotidianos.
El uso de los Mandalas se remonta a la antigüedad. En las pirámides egipcias hay grabados donde se muestra que utilizaban la fuerza de los mandalas para su concentración, activación de energía positiva y meditación profunda para elevar el nivel de la conciencia.
Se han encontrado vestigios de Mandalas en las civilizaciones druidas de España. En la civilización China, hay varias formas de Mandalas que aún se utilizan. En la América precolombina son Mandalas el Calendario Maya y el símbolo en el Kultrún, el tambor ceremonial de los Machis mapuches.
Forma de usar los Mandalas
El Mandala debe ser construido con mucho cuidado y concentración. Los diseños pueden ser desde muy simples o extremadamente complejos, pero manteniendo similares características: un centro, puntos cardinales que pueden ser contenidos dentro de un círculo y cierta forma de simetría.
La meditación es realmente sencilla; basta sentarnos cómodamente y observarlos. El tiempo de observación recomendado es de 3 a 5 minutos.

julio 24, 2010

La Luna, aproximación al arquetipo de la Madre

Reflexionemos sobre algo tan evidente, tan conocido por todos, tan recurrentes en nuestras vidas como es la Luna. Tan evidente y sin embargo, tan desconocido, fundamentalmente como símbolo.
¿Cómo no reconocer en ella, tal como lo hacen los poetas, una fuerza viva, una musa, un instinto?
Estos mismos poetas que saben decir en la voz de Baudelaire:
"La Luna, que es el capricho mismo, miró por la ventana, mientras tú dormías en tu cuna y se dijo: "esta niña me gusta".
Como una madre, como un don heredado, la Luna nos guía desde el nacimiento. Hablan de ella muchos mitos y se le han dado muchos nombres.
Quien es esta bella, enigmática, inocente, terrible y sana presencia?  Qué cosas evoca y convoca la Luna en su danza intemporal y cíclica? Por qué bajo la luz de la Luna se despiertan  sentimientos tan diversos: la absoluta calma, los demonios más intensos, los recuerdos refrescantes, la intranquilidad que priva del sueño o la alegría de saber que mañana nos espera otro día más?
La Luna siempre ha sido portadora de las más bellas, confiables y a la par, terribles imágenes. Todos nos hemos ocupado de ella y con distintos lenguajes: la astronomía nos informa su forma, la tecnología ha llegado a poner su pie en ella y tenemos datos y fórmulas que no la agotan.
En la psicología profunda y en la astrología, la Luna nos remite a la idea del Arquetipo de la Madre y por tanto, de nuestra Madre interna: lo seguro, lo cómodo, lo instintivo nutricio, nuestro primer vínculo de amor.
La Luna atraviesa el cielo vinculándose con el Sol en un eterno juego atemporal, nada más seguro y a la vez cambiante, que en sus distintas fases se convierte en el fiel recordatorio de esa ley inexorable con la cual todo el universo es atravesado: los Ciclos.
Ella pertenece también a un lenguaje que nos habita y es sin embargo inagotable: El Símbolo.
(Silvia Lebrero - Fundación Carl Jung)