UN PASEO PARA CONOCER EL MUNDO DE ESTOS SERES MARAVILLOSOS .....

julio 24, 2010

La Luna, aproximación al arquetipo de la Madre

Reflexionemos sobre algo tan evidente, tan conocido por todos, tan recurrentes en nuestras vidas como es la Luna. Tan evidente y sin embargo, tan desconocido, fundamentalmente como símbolo.
¿Cómo no reconocer en ella, tal como lo hacen los poetas, una fuerza viva, una musa, un instinto?
Estos mismos poetas que saben decir en la voz de Baudelaire:
"La Luna, que es el capricho mismo, miró por la ventana, mientras tú dormías en tu cuna y se dijo: "esta niña me gusta".
Como una madre, como un don heredado, la Luna nos guía desde el nacimiento. Hablan de ella muchos mitos y se le han dado muchos nombres.
Quien es esta bella, enigmática, inocente, terrible y sana presencia?  Qué cosas evoca y convoca la Luna en su danza intemporal y cíclica? Por qué bajo la luz de la Luna se despiertan  sentimientos tan diversos: la absoluta calma, los demonios más intensos, los recuerdos refrescantes, la intranquilidad que priva del sueño o la alegría de saber que mañana nos espera otro día más?
La Luna siempre ha sido portadora de las más bellas, confiables y a la par, terribles imágenes. Todos nos hemos ocupado de ella y con distintos lenguajes: la astronomía nos informa su forma, la tecnología ha llegado a poner su pie en ella y tenemos datos y fórmulas que no la agotan.
En la psicología profunda y en la astrología, la Luna nos remite a la idea del Arquetipo de la Madre y por tanto, de nuestra Madre interna: lo seguro, lo cómodo, lo instintivo nutricio, nuestro primer vínculo de amor.
La Luna atraviesa el cielo vinculándose con el Sol en un eterno juego atemporal, nada más seguro y a la vez cambiante, que en sus distintas fases se convierte en el fiel recordatorio de esa ley inexorable con la cual todo el universo es atravesado: los Ciclos.
Ella pertenece también a un lenguaje que nos habita y es sin embargo inagotable: El Símbolo.
(Silvia Lebrero - Fundación Carl Jung)

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