UN PASEO PARA CONOCER EL MUNDO DE ESTOS SERES MARAVILLOSOS .....
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diciembre 08, 2010

Eros y Psique - Interpretación

Psique significa alma, pensamiento, mente para algunos, espíritu para otros.
Eros es en general, el amor. En un inicio, esta unión se tiene que dar a ciegas, sin que el alma pueda ver al amor tal cual es. Remite a la etapa primera del enamoramiento, a ese amor que ciega pero seduce cada día.
La belleza de Psique es la pureza del alma. Una belleza tal, que genera temor y que es muy preciada pues se pierde muy fácilmente.
Eros, el amor, es un dios soberbio y decidido, que prodiga placeres a manos llenas mientras se muestra satisfecho... pero se desvanece con la misma facilidad llevándose todo aquello que trajo.
Las hermanas de Psique, humanas y reales, representan el tiempo y el principio de realidad, aquellos que generan la duda, la curiosidad y entregan elementos para ver con claridad al que se ama.
Parecería que el amor huye cuando se le descubre como es en realidad, como es su rostro. Es este sufrir sin medida lo que lleva al alma a realizar las más asombrosas proezas en función de volver a ver ese rostro, de volver a ese palacio de ensueño donde sólo existía el placer.
Las pruebas a las que Psique se somete, le ayudan a crecer, a solidificar ese amor, ese deseo de reencontrarse con Eros.
Al bajar al Hades, Psique demuestra una vez más que está lista para volver con su amado, pero la humana curiosidad la lleva a abrir la caja. Esto representa el error humano. la curiosidad es un instinto que lleva al hombre y a la mujer a realizar actos equivocados.
El sueño profundo de Psique es el castigo por esa curiosidad, no obstante es lo que doblega la soberbia de Eros y comprende el carácter incondicional del amor de Psique.
Es ahí cuando el amor vuelve para llevarse al alma a vivir al paraíso y otorgarle la inmortalidad, la prevalescencia, el infinito. No es sino hasta que el alma ha crecido en sí misma y dominado sus instintos que el amor no aparece para quedarse con ella y volverla inmortal.
Los dioses reciben al lama en su reino como una más de ellos. El alma enamorada, no enceguecida, es la que tiene acceso a la divinidad, a la exaltan espiritual. Es el alma que ha visto el verdadero rostro del amor, despertando su ira con su errante humanidad, la que puede retener al amor a su lado.
(Mónica E.Pérez)

octubre 28, 2009

La teoría de la Sincronicidad


Carl Gustav Jung desarrolló en colaboración con el premio Nobel de Física Wolfgang Pauli una teoría denominada "Sincronicidad".
Esta teoría afirma que entre dos hechos aparentemente inconexos existe una relación simultánea. Sirva como ejemplo cuando soñamos con un amigo al que llevamos mucho tiempo sin ver y al día siguiente nos lo encontramos o establece contacto con nosotros.
Para Jung, estos hechos prueban el modo en que funciona el inconsciente colectivo, que es el que conecta a los seres humanos entre ellos y con la Naturaleza.....la casualidad no existe.
Las cartas de Tarot muestran el inconsciente de la persona y a través del inconsciente colectivo nos conectan con el pasado, el presente y el futuro. En base a la teoría de la Sincronicidad, cuando escogemos una carta, es justo la que contiene la respuesta a nuestra pregunta. Aunque nuestra pregunta y el acto de seleccionar una carta aparentan ser hechos inconexos, los principios de Sincronicidad establecen que el inconsciente actúa en ese instante. (Extraído de la web).

octubre 25, 2009

Los arquetipos


Ciertas energías vivientes que contienen ideas e información reciben el nombre de arquetipos. Son pautas específicas de pensamiento y de comportamiento instintivo; son las fuerzas que constituyen el inconsciente colectivo: la parte impersonal de la psique humana que todos compartimos. Estos arquetipos se proyectan automáticamente desde nuestro interior sobre cualquier "pantalla" externa que esté disponible. El hombre que nos disgusta instantáneamente, el "amor a primera vista", el gusto o la antipatía por los perros o gatos, una pacífica imagen de Buda, o de nuestro paisaje favorito, la fotografía central de la revista Playboy, la mujer desaliñada, el sacerdote enfundado en su hábito...cada una de estas imágenes actúa como pantalla de las fuerzas que habitan en nosotros y cada una de ellas atrae hacia sí las energías que son compatibles con ella. Impulsadas por algún sol central desconocido que reside en nuestro interior, estas energías son fuerzas vivas e inteligentes que tienen funciones vitales concretas y tejen el tejido de nuestra realidad personal. Sin que seamos conscientes de ello, de algún modo se pegan a todo lo que nos encontramos en el mundo que llamamos real. Aferrándose a los objetos inanimados, las energías arquetípicas infunden en ellos significados "positivos" o "negativos", creando lo que llamamos "monedas de la suerte" o "la personalidad" de nuestro automóvil. Pegándose o proyectándose sobre entidades vivas, por un lado influyen en el comportamiento de dicha entidades y por el otro atraen hacia sí la proyección correspondiente, que siempre va en dos sentidos. Por lo tanto "si yo proyecto sobre ti, tú también proyectas sobre mí".
Estos arquetipos son energías de vida que surgen incesamente de nosotros, día y noche, estemos dormidos o despiertos, influyendo sobre todos los que nos rodean y haciendo que, a su vez, ellos ejerzan su influencia sobre nosotros. Los arquetipos moldean y cambian nuestros comportamientos. Conforman la estructura misma de nuestras vidas, aunque permanecen invisibles a la conciencia del ego y casi siempre funcionan por debajo de su nivel de conciencia. En cada ser humano se constelan siguiendo una pauta única e individual.  Forman "la maquinaria del universo", que construye y conforma nuestra realidad. Son energías que producen cambios y fluctuaciones en nuestros asuntos y relaciones. Estos procesos son desconocidos para nuestros egos personales, para la persona que vemos cuando nos miramos al espejo. Cuando empleo la palabra "ego" me refiero a la persona o máscara que cada uno llevamos puesta, el cuerpo-mente que incluye nuestro vehículo físico, lo que pensamos sobre nosotros mismos y cómo nos definen los demás.
Una vez que los arquetipos se proyectan en la pantalla que les proporciona un objeto, situación o persona, se niegan a retirarse hasta que sus necesidades estén satisfechas. Un ejemplo extremo es el del alcohólico que, si puede resisitirse a tomar la primera copa, será capaz de controlar las fuerzas arquetípicas; en caso contrario, el poder desatado del arquetipo inconsciente proyectado en el alcohol es el que tiene el control. Si se puede evitar esa primera acción de la cadena de comportamientos compulsivos, la compulsión puede contenerse, proporcionando tiempo para que el individuo pueda aprender otros hábitos más saludables.
Por lo tanto, los arquetipos son las energías que crean y sustentan nuestras realidades personales; son, si queremos llamarlos así, aspectos de Dios que todos y cada uno podemos experimentar.
(De "La meditación del guía interior" - Edwin Steinbrecher)